A dos décadas de su asunción, el dirigente radical que puso fin a 50 años de hegemonía peronista consolidó un modelo basado en obra pública, orden fiscal y cercanía con la gente. Hoy, desde el Senado, continúa siendo una de las figuras con mayor peso político e imagen positiva en la provincia.

 

Un 23 de marzo de 2005 no fue un día más en la historia política de Santiago del Estero. Ese día, Gerardo Zamora asumía oficialmente la gobernación tras imponerse en las urnas al frente del Frente Cívico por Santiago, marcando el fin de más de medio siglo de hegemonía peronista en la provincia. No era solo un cambio de signo político: era el inicio de una nueva etapa.

 

Zamora, de raíz radical, supo construir rápidamente algo más amplio que un partido: un espacio político con fuerte anclaje territorial y una narrativa de gestión basada en obras, orden institucional y cercanía con la gente. Desde el inicio, su gobierno estuvo atravesado por una impronta clara: recuperar el rol del Estado como motor del desarrollo provincial.

 

Durante sus mandatos como gobernador, Santiago del Estero experimentó una transformación sostenida en infraestructura. Viviendas, rutas, hospitales, escuelas y obras emblemáticas redefinieron el mapa provincial, generando empleo y dinamizando economías locales históricamente postergadas. A esto se sumó una administración ordenada, con equilibrio fiscal y planificación a largo plazo, lo que consolidó una imagen de gestión eficiente.

 

Hoy, en su rol de senador nacional, Zamora continúa siendo una figura clave para la provincia. Desde el Congreso, mantiene un perfil enfocado en la defensa de los intereses santiagueños, gestionando recursos y acompañando iniciativas que permitan sostener el crecimiento logrado en años anteriores. Su paso por el Senado no lo alejó del territorio: por el contrario, reforzó su papel como articulador entre Nación y provincia.

 

Pero hay un costado que trasciende lo institucional y explica parte de su conexión con la gente. Admirador de Joaquín Sabina, se lo ha visto en más de una ocasión guitarra en mano, compartiendo momentos informales como en la vigilia de las cuerdas junto a Pedro Silva. Esa imagen, lejos del protocolo, lo muestra cercano, accesible, humano.

 

Con el tiempo, esa cercanía se transformó en identidad. Para muchos dejó de ser solo “el gobernador” para convertirse en “el Papi Zamora”, un apodo que sintetiza afecto, liderazgo y pertenencia. En una provincia donde la política se vive con intensidad, logró construir un vínculo que trasciende lo electoral.

 

A más de dos décadas de aquel 2005, su nombre sigue siendo central en la vida política santiagueña. Hoy como senador nacional, y con una trayectoria que marcó un antes y un después en la provincia, Gerardo Zamora continúa siendo una de las figuras con mayor imagen positiva y peso político en Santiago del Estero.

Por MDC INFO

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