San Valentín es la celebración del amor en todas sus formas, pero pocas historias encarnan tan bien su significado como la de Ramona y Carlos. Con 76 años juntos, este matrimonio centenario ha convertido su vida en un testimonio de amor inquebrantable, paciencia y respeto.
Carlos, de 101 años, y Ramona, de 94, han compartido más de siete décadas de historia. Pero su inicio no fue fácil. “Cuando la vi por primera vez, supe que era ella. Le pedí matrimonio, pero no me aceptó”, recuerda Carlos con una sonrisa nostálgica. Sin embargo, el amor persistió. Cinco años de espera y resistencia a la desaprobación familiar no hicieron más que fortalecer el vínculo entre ellos. Finalmente, el 7 de enero de 1954, con 17 años, Ramona tomó su decisión: casarse con el hombre que había conquistado su corazón.
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Desde entonces, han compartido una vida llena de desafíos y alegrías. El trabajo de Carlos en una compañía telefónica los llevó a Salta, donde iniciaron su vida de casados. Allí, y en cada lugar al que la vida los llevó, Ramona siempre estuvo a su lado. “No podría haber transcurrido tanto tiempo con una persona más hermosa. Me ha acompañado por diferentes lugares con la mejor disposición, apoyando siempre a su esposo. Eso supera cualquier problema”, dice Carlos con emoción.
Su amor no solo les ha dado 76 años de felicidad, sino también una familia extensa: tres hijos, diez nietos y nueve bisnietos, repartidos por todo el país y el mundo. A pesar del paso del tiempo, su relación sigue siendo fuerte y armoniosa. “Jamás hemos tenido momentos de pelea o discusiones. Aunque parezca increíble, prevalece el amor y el respeto. Lo importante es tener amor; no hay otra explicación”, afirma Carlos.
Para ellos, la clave ha sido la tolerancia y la comprensión. “Todos tenemos fallas, pero el amor lo puede todo. Nadie es perfecto”, reflexiona.
Ramona, comparte su propio pensamiento: “Yo siempre le pido a Jesús irme primero”. Sus palabras reflejan el miedo de quien ha amado con todo su ser y no imagina un mundo sin su compañero. Sin embargo, vive con alegría, agradecida por cada día compartido.
Hoy, en San Valentín, planean celebrarlo como siempre lo han hecho: juntos. Tal vez salgan a cenar con su hijo y su familia.
Es que, a pesar de los años, los planes juntos no se detienen. «Siempre que podemos viajamos a Córdoba o Tucumán», cuenta Carlos. El regalo aún no está decidido, pero lo que sí es seguro es que el mejor obsequio es el amor que han construido y que sigue intacto, a pesar del tiempo.