Por Celina Fernández, Técnica Superior en Turismo.
En un mundo cada vez más digitalizado y lleno de opciones carentes de empatía, confiar en expertos que conocen sobre los destinos, las mejores rutas y las experiencias más auténticas se convierte en algo de un valor incalculable.Como profesional en turismo, escribí este artículo, principalmente por mi preocupación por la que atraviesa la actividad en nuestro país.
Las agencias de viajes no solo ofrecen comodidad y seguridad, sino que también brindan un sinfín de ventajas, desde la personalización de itinerarios hasta el respaldo en situaciones imprevistas. Cuando un turista (consumidor de turismo y usuario de servicios) se acerca a una Agencia de Viajes o a un vendedor Free lance (como se le llaman a algunos vendedores de calles no registrados) va en búsqueda de la compra de un viaje, que entre múltiples motivaciones y necesidades, se puede decir que su necesidad ultima es SER FELIZ EN SU TIEMPO LIBRE DE VACACIONES.
Contar con profesionales capacitados en las agencias de viajes no es una opción, sino una necesidad.
La intermediación turística —es decir, el proceso mediante el cual se vinculan los prestadores de servicios con los consumidores— implica operar con servicios altamente de calidad en la información que se maneja y la confianza. Por eso, profesionalizar la actividad turística es clave para garantizar experiencias satisfactorias, seguras y éticamente responsables.Las agencias de viajes actúan como intermediarias entre múltiples proveedores (aerolíneas, alojamientos, empresas de transporte, seguros, etc.) y el usuario final.
Esta función exige criterios profesionales para garantizar que los servicios contratados cumplan con estándares mínimos de seguridad, legalidad y calidad. Sin estos elementos, crecen los riesgos de fraudes, estafas, informalidad y desprotección del consumidor. La reciente derogación de registros obligatorios de Agencias en el ámbito nacional de la Ley 18.829, a través de la implementación del DNU 70/2023, ocacionó con su ausencia la debilitación en los controles sobre la actividad, dejando a los usuarios más expuestos.
Esta medida, lejos de promover la desregulación eficiente, ha abierto las puertas a la proliferación de operadores informales y plataformas sin garantías.También se vuelve fundamental implementar campañas de concientización dirigidas a turistas y usuarios, para que conozcan sus derechos y aprendan a identificar señales de alerta al momento de contratar un servicio turístico. Estas campañas deben explicar:
*Qué datos debe contener una oferta turística legal.
*Cuáles son los canales seguros de compra. Cómo verificar la trayectoria de una agencia.
*Qué respaldo ofrece una contratación con profesionales matriculados.
Promover el empleo de profesionales en turismo no es solo corporativismo: es una política de calidad, desarrollo y equidad. Es reconocer que el turismo no es un bien de lujo, sino un derecho cultural y social, que debe ser protegido mediante servicios seguros, informados y éticamente prestados.En definitiva, el futuro del turismo nacional no puede construirse sobre la informalidad ni la improvisación. Exigir profesionales en las agencias de viajes, regular la intermediación de servicios y concientizar al consumidor no son medidas aisladas, sino pilares de un modelo turístico inclusivo, sustentable y seguro.-Tec. Celina Fernández
