Por Juan Alba, Psicólogo.
El impulso artístico, la potencia cognitiva, la actitud incesante y
proactiva, la conmovedora inocencia, la enorme fé, la lengua sincera, la
inventiva fresca y libre…
Todo eso y más…¿Dónde hay? dirán ustedes.
Y jugando un poco al misterioso les diría: ustedes lo tuvieron, ellos lo tuvieron, yo lo tuve y
millones de niñas y niños hoy lo tienen.
Añoro de una manera que hasta me da pudor a veces un poquito, los días en que fui un niño
de 8,7,9,10 años, añoro esa implacable e inacabable capacidad de estar contento y feliz. Y
también me enorgullece haber sido aquél.
Si, todo eso que les nombré en el primer párrafo, lo tienen los niños; y más en particular y
con mayor precisión en esa edad en que uno está transitando el séptimo, el octavo, el
noveno, el décimo año de vida-aproximadamente.
Somos tan perfectos si es que evaluamos cualidades estimables en un ser humano, tan
plenos, tan llenos de lo mejor: los mejores deseos, las mejores intenciones, los mejores
sentimientos, las mejores esperanzas, las mejores ideas… ¡El mejor dormir!
La alegre
solidaridad, la empatía desinteresada…
Hasta en lo malo somos buenos: La justa culpa, el rápido perdón, la angustia vivaz y sin
rollos, el consuelo efectivo, el llanto sin demora, el miedo natural y sin escándalos…
Probablemente viva en todos nosotros la herida de ese estado perdido, porque luego vino el
mundo, un mundo más complejo, un mundo obligatorio; llegaron las complicaciones del
amor, las injusticias del trabajo, las grandes y pequeñas violencias de las relaciones
adolescentes y adultas.
Fuimos heridos en o despojados de, las potentes alas de la fe, la ilusión, la espontaneidad, la
sincera expresión…
¿Y si muchas de nuestras ansiedades, tristezas, miedos, neurosis en general fueran el grito
que no se calla por ese tiempo que se fue? Y si fuera posible una recuperación conciente y
planeada de ese estado? Un poco, sería suficiente. No quiero una utopía, pero ¿No es
exagerada la manera en que nos hemos alejado de nuestra niñez y sus formas y criterios
existenciales?
No aspiro a que seamos otra vez niños, pero ¿Si fuera posible un acercamiento a algunas de
sus preciadas ventajas, virtudes y maneras? ¿Y si eso ya estuviera sucediendo?
Veamos: La mayoría de las recomendaciones de un psicoterapeuta a sus sufrientes
pacientes tienen que ver con » Vivir el aquí y ahora», » Hacer amigos» , «comunicar
emociones con soltura», «Mayor tiempo de ocio y menos de trabajo», «llore si desea llorar»,
» no se asuste de sus expresiones físicas de temor, pena o enojo» ,»juegue, haga deportes,
vaya a bailar o haga arte», » sea espontáneo», «quierase más, no se juzgue sin
compasión»…etc.
¡De alguna manera se nos prescribe la niñez! Y el mundo y la vida han hecho tantos
esfuerzos por alejarnos de ella.
Bueno pero saquemos algo útil y fresco de todo esto que les digo. Pero antes una última
reflexión: Puede que la edad de la niñez no tenga muy buena prensa entre la cultura adulta:
Se nos recrimina e incluso insulta cuando se nos dice «No seas tan niño» , «Crece de una
buena vez» » Muy infantil tu conducta» «Eh no llores así, pareces una niñita», etc.
Quizás primero debamos recuperar para la cultura una valoración mucho más justa de esa
edad. Refrescar sus frutos y sus tesoros. No hablo desde una posición romántica ni desde
una vana añoranza; hablo desde un muy adulto y veterano hombre de los afanes
psicoterapeúticos.
Me consta que todo lo que podamos encontrar de bueno y estimable en niños y niñas es
absolutamente recomendable en adultos sufrientes, y les daré un ejemplo tan evidente y tan
rotundo que será casi incuestionable:
Una pauta típica frente a los ataques de ansiedad es que recomendemos «Aceptar los
síntomas, no luchar, no temer, no reaccionar y dejar pasar»; bueno eso que hace
espontáneamente un niño frente a palpitaciones, sudoración, vértigo, mareo,
entumecimiento, angustia o miedo… ¡Se lo recomendamos a un adulto!
Y ¿Si fuera posible no solo recomendar ello, sino además la práctica activa y consciente de
la espontaneidad amistosa, la honestidad, la libertad de pensamiento y obra, la fluidez y
soltura comunicativa, el juego habitual, la ensoñación y el fantaseo, el cultivo del arte, los
hobbyes y el deporte? Y otras cosas más. Yo creo que si es posible y muy recomendable.
Si. Te apuesto 10 figuritas del álbum del mundial y 20 bolitas (canicas)
Nota: Un criterio de salud psicofísica podría ser un día, cuánto tiene en su ser y en su vida
de hábitos positivos y características positivas infantiles una persona. Podría ser.
