Aníbal Claudio González es inventor y creador de “La Maratón del Cangrejo”, un juego de mesa que nació hace 25 años y que, después de muchos intentos y un largo tiempo guardado, hoy vuelve a cobrar vida con el impulso de su familia y, especialmente, de sus nietas.

Hay sueños que no desaparecen. Pueden quedar guardados durante años, atravesar fracasos y esperar su momento, pero siguen ahí.

Eso le ocurrió a Aníbal Claudio González, un inventor que a los 77 años decidió volver a apostar por una idea que nació en 2001: La Maratón del Cangrejo, un juego de mesa creado artesanalmente y pensado para compartir en familia.

En una entrevista para “ALTA NOTA con Eugenia Suárez”, Aníbal recordó que su vínculo con los inventos comenzó mucho antes. “En el año 2001 yo inventé muchas cosas en mi vida. Te puedo hablar del año 80 y pico también tenía inventos, en el 90 y algo también”, contó.

Durante años, sus creaciones no tuvieron la repercusión que esperaba. Algunas surgieron como hobby y otras como una manera de “sobrevivir un poco”, pero nunca dejó de crear.

Un juego que nació de una idea

En 2001 apareció la idea que terminaría convirtiéndose en La Maratón del Cangrejo.

“Pensé en un juego de mesa”, explicó Aníbal. Primero imaginó utilizar dados, pero luego apareció una ruleta. A partir de allí comenzó a pensar cómo desarrollarla, qué elementos incorporar y qué colores utilizar.

El proceso creativo, según relató, fue surgiendo de manera natural.

“Me salió una cosa muy perfecta, porque es una inspiración que tiene la persona que crea, como un compositor de música, que nacen las ideas”, explicó.

El nombre también surgió de la propia dinámica del juego. Aníbal buscó una modalidad en la que se pudiera avanzar y retroceder, con una mecánica que puede recordar a juegos tradicionales como La Oca, pero reemplazando los casilleros por colores.

Así nació el cangrejo como protagonista.

La propuesta permite jugar entre dos y cuatro personas y combina entretenimiento con aprendizaje. La ruleta, los colores y el sistema de puntos hacen que los participantes tengan que realizar diferentes operaciones durante la partida.

Para Aníbal, allí está una de las principales características de su creación: es un juego didáctico, familiar, entretenido y pensado tanto para chicos como para grandes.

Un sueño que permaneció guardado

Pero detrás de la creación del juego había algo mucho más profundo.

Aníbal conservó durante años el prototipo original que había construido en 2001. Una pieza artesanal, realizada en madera, que representaba aquel sueño que alguna vez había imaginado hacer realidad.

Incluso intentó llevar la idea al mercado. En 2015 buscó venderla a una fábrica de juguetes, pero no obtuvo el resultado esperado.

El proyecto volvió a quedar guardado.

Hasta que su familia volvió a darle impulso

Aníbal tiene tres hijos y cinco nietos. Y fueron especialmente sus dos nietas quienes tuvieron un papel fundamental para que el inventor volviera a intentarlo.

“Abuelo, si vos querés hacelo artesanal, como decís vos, de madera, nosotros vamos a tratar de ayudarte en las redes”, recordó que le dijeron.

Esas palabras fueron suficientes para despertar nuevamente su entusiasmo.

Con el acompañamiento familiar, comenzó a trabajar otra vez en el proyecto y, en apenas unos meses, logró fabricar alrededor de 50 juegos.

El amor de la familia como motor

Para Aníbal, el acompañamiento de sus seres queridos representa mucho más que una ayuda para vender el juego.

“Es lo que uno siembra… el amor de la familia”, expresó.

También destacó el acompañamiento permanente de su esposa, que continúa a su lado apoyando cada una de sus ideas y esa “locura” de seguir creando.

Hoy, aquel prototipo que durante años permaneció guardado convive con nuevas cajas, tableros, instrucciones y pequeñas piezas fabricadas artesanalmente.

Incluso conserva la primera caja, dibujada a mano en cartón, como testimonio del comienzo de una historia que tardó más de dos décadas en encontrar su oportunidad.

Una alternativa frente a las pantallas

Además del entretenimiento, Aníbal defiende el carácter didáctico de su creación.

Considera que el juego puede ser una alternativa para que chicos y familias compartan un momento alejados de las pantallas, los teléfonos y la televisión.

Su propuesta busca que los participantes se familiaricen con los números a través del juego y las operaciones matemáticas.

Porque, para él, aprender también puede ser divertido.

“Nunca dejes de intentar”

Pero si hay una frase que resume la historia de Aníbal es una que él mismo repite como filosofía de vida:

“Nunca dejes de intentar, si te empujan al abismo intenta volar.”

Para el inventor, la frase es una metáfora de la perseverancia. No abandonar, no dejarse vencer por los obstáculos y, sobre todo, mantener una mirada positiva.

A sus 77 años, asegura que cada persona tiene su propio tiempo.

“Los tiempos llegan para cada uno. Yo me calculo que el tiempo mío es este”, sostuvo.

También entiende que los fracasos forman parte del camino: “Los fracasos llevan al éxito también”, afirmó.

Y quizás esa sea la enseñanza más poderosa de su historia. Que un proyecto puede demorarse, que una oportunidad puede llegar muchos años después y que la edad no necesariamente marca el final de los sueños.

En el caso de Aníbal, aquel juego que nació en 2001 hoy vuelve a caminar.

Y esta vez, acompañado por su familia.

Porque quizás nunca fue tarde.

Quizás simplemente había llegado su momento.

“El Abuelo Inventor”

Aníbal continúa difundiendo La Maratón del Cangrejo a través de sus redes sociales bajo el nombre “El Abuelo Inventor”, donde comparte el proceso de fabricación y comercialización de su creación.

La historia de Aníbal demuestra que los sueños pueden esperar, pero no necesariamente tienen fecha de vencimiento.

A los 77 años, sigue inventando. Y, sobre todo, sigue intentando.

Por MDC INFO

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